ARBOLES

ARBOLES

     En la dehesa podemos encontrar encinas, alcornoques (típicos en los montados portugueses) y quejigos como los árboles de mayor importancia.

     Son encinas y alcornoques los de mayor importancia por la producción de bellotas (consumidas por el ganado) y la producción de corcho, en el caso del alcornoque.

      La especie arbórea por antonomasia de las dehesas es la encina de bellotas dulces (Quercus ilex ssp. ballota), que ocupa más del 80% de éstas, seguida del alcornoque. No obstante, no siempre forman masas puras sino que dependiendo de las condiciones edafoclimáticas concretas de cada estación y socioeconómicas, pueden aparecer mezcladas entre sí o con otras especies, de las que destacaremos el quejigo, el quejigo andaluz, el acebuche y el pino piñonero.[1]

  • La encina (Quercus ilex) es una árbol de la familia Quercus, que no es exigente respecto al suelo.
encina
encina

Puede llegar a los 25 metros de altura. Es un árbol de crecimiento lento y elevada longevidad, llegando a los 800 años. Su copa es ancha, esférica o globosa y densa. Con una raíz potente que al principio no ramifica, profundizando bastantes las raíces secundarias. Las hojas son simples, alternas, persistentes, esclerófilas con limbo grueso y coriáceo, altamente tomentoso por el envés, de borde frecuentemente dentado y espinoso,[2] de hasta tres o cuatro años de longevidad que pueden caer durante todo el año pero preferentemente en primavera.[3]

 Florece en primavera y los frutos maduran en octubre noviembre.

 Los brinzales en campo suelen comenzar la fructificación a los 8-10 años, pero la cosecha abundante no se dará hasta los 15-20 años, prolongándose hasta los 100 años o más. Luego decae la producción pero sigue fructificando hasta los 200-300 años. Los chirpiales son más precoces, comenzando a los 3-4 años. Las bellotas son lampiñas, dulces, pardas al madurar y de endocarpo tomentoso, con cúpula grisácea de escamas blandas y planas.1

  • El alcornoque (Quercus suber) es una árbol de unos 20-25 metros de altura, que requiere un mayor grado de humedad, destacando que es calcífugo.
alcornoque
alcornoque

El frío invernal constituye un factor limitante, no soporta inviernos con periodos de helada segura y en la práctica no existen alcornoques en zonas donde las temperaturas mínimas sobrepasan los -10º.1

Su copa es amplia semiesférica y lobulada, llegando a ser aparasolada en los individuos viejos.

El sistema radical es potente, consta de una raíz central más o menos penetrante según la naturaleza de los suelos.[4] Es interesante destacar que estas raíces dan brotes, sobre todo si se rozan.

Sus hojas son persistentes o subpersistentes, aovadas, enteras o dentadas, a veces con dientes mucronados, haz verdoso y envés tomentoso, con una vida que oscila entre los 10 y 23 meses, aunque la mayor parte de ellas son renovadas durante la primavera.5

Su floración se centra en la primavera, pudiendo alargarse hasta el otoño, lo cual redunda en proporcionar montaneras muy largas. La maduración del fruto es anual y el período de diseminación se extiende desde septiembre hasta enero, cayendo la mayoría entre octubre y noviembre.

La bellota del alcornoque es menos apreciada como comestible que la de la encina, por ser más áspera y amarga.

El crecimiento es relativamente rápido, sostenido durante muchos años, varía con las condiciones de estación y con un diferencial claramente positivo sobre la encina en los primeros años.

  • El Quejigo (Quercus faginea) es un árbol que prefiere los suelos calizos o arcillosos-calizos. Soporta bien el frío invernal (hasta -12 ºC).
quejigo
quejigo

Sus hojas son simples, alternas, marcescentes y a veces subpersistentes. Florece en primavera (marzo-abril) y maduración temprana del fruto (septiembre).

Bellotas cortamente pedunculadas, cilíndricas y generalmente en grupos en medio de las hojas, endocarpo lampiño y cúpula con escamas aplicadas siendo las marginales poco salientes.[5]

Producción de bellotas

      La producción de bellotas es un factor fundamental en la dinámica y gestión de las dehesas. Uno de los principales problemas en la planificación del uso de la dehesas es la variabilidad en la producción de bellotas, causadas principalmente por la variabilidad del clima.[6]

      Así, es evidente la utilidad práctica que tendría poder predecir la producción de bellotas en una dehesa. Se ha demostrado que es difícil estimar una producción media de bellotas debido a la gran variación en la producción entre los años.[7]  En general, la producción de bellotas se incrementa exponencialmente en función de la edad y el tamaño de los árboles.[8]  Existiendo una buena correlación entre la producción de bellotas por árbol y el diámetro del tronco.[9]

      Otra característica en la producción de bellotas es que, generalmente, una producción abundante es seguida por producciones más pequeñas durante unos pocos años.[10] El mejor predictor de la producción por árbol y por hectárea es la densidad corregida por el índice del sitio y el estado fitosanitario.[11]

     En resumen, la producción de bellotas por árbol depende de varios factores entre los que se encuentran la especie, la edad, el tamaño, la variabilidad genética, el manejo, las características del lugar (site index) y el estado fitosanitario.[12]

      La sequía, el abandono de las prácticas de manejo tradicionales y el sobrepastoreo son causantes del estado de degradación de la dehesa y debido a esto de la reducción de la producción de bellotas.[13]

     Respecto al volumen de bellotas producido en la bibliografía se encuentran valores muy variables, pero en general la media de producción por árbol se encuentra entre los 19 y 26 kilos de bellotas al año. Los valores medios de producción de bellota de encina en las dehesas en la literatura están entre los 80 y los 300 g/m2. En un estudio realizado en ocho provincias durante un tiempo de 10 años se registró una media anual de 586,4 ± 131,6 kg/ha.[14]

      En zonas de mayor densidad de árboles, la producción de bellotas es menor para cada árbol, pero en conjunto producen una mayor cantidad de bellota que zonas de menor densidad de árboles con menor competición por los nutrientes.

       Se ha estudiado que el riego afecta positivamente a la producción de bellotas solo en los años con veranos secos. Algunos autores han estudiado la relación entre la fertilización y la producción de bellotas en las dehesas (Martín et al. 1998; Carbonero et al. 2004) pero ninguno de ellos encontraron efectos significativos.[15]

       En cuanto a la intervención del hombre en la producción de bellotas se ha valorado el riego, la fertilización, el arado, la regulación de la densidad o el efecto de la poda, entre otros. Es evidente el efecto de las enfermedades, destacando “la seca”.

       El efecto de la poda ha sido durante mucho tiempo objeto de controversia. Como la existencia de un efecto positivo de la poda en la producción de bellotas no es claro, y actualmente el carbón y la leña tienen su valor depreciado, la poda podría no ser beneficiosa desde un punto de vista económico. Sin embargo la poda da trabajo en áreas deprimidas que puede dar temporalmente beneficios económicos.[16]

        El efecto negativo de los insectos puede ser muy intensa durante años, con reducciones de la producción de bellotas del 50%.[17]

Regeneración del arbolado

        La regeneración de arbolado es uno de los principales problemas de la dehesa, principalmente teniendo en cuenta que enfermedades como la seca están reduciendo el número de árboles adultos sin que haya una regeneración natural o planificada adecuada.

           La regeneración natural está condicionada sobre todo por las estrictas exigencias de las plántulas de uno o dos años. En una situación natural, las plántulas, al menos de los Quercus perennifolios, requieren matorrales protectores ante la sequía estival y el ramoneo o pisoteo de grandes herbívoros (ungulados silvestres y ganado), así como de animales diseminadores (roedores y aves como los arrendajos) que transporten las bellotas lejos de los árboles y hacia las zonas protegidas de matorral.[18]

         La regeneración puede hacerse de forma planificada con la siembra de plántulas, protegidas de pastoreo. Lo conveniente es no dejar que entre el ganado en la zona a repoblar durante el tiempo necesario. Así el libro verde de la dehesa recomienda el manejo en masa regular, con una distribución equilibrada de las diferentes clases de edad del arbolado por las diferentes partes de la finca, que irían rotando en el tiempo a lo largo de un ciclo de 150-170 años. El plazo de acotamiento necesario para constituir una nueva generación de árboles oscila entre 10 años con ovino y 20 con vacuno.


[1] Manual para la gestión sostenible de las dehesas andaluzas, 2011.
[2] Ruiz de la Torre, 2006.
[3] Cuevas, 2005.
[4] Nadezhdina et al., 2008.
[5] Ruiz de la Torre, 2006.
[6] Koening et al., 1994.
[7] Canellas et al., 2007.
[8] Cierjacks and Hensen, 2004.
[9] Martín et al., 1998.
[10] Olea and Miguel Ayanz, 2006
[11] Cierjacks and Hensen, 2004.
[12] Gysel, 1958.
[13] Navarro, 2004.
[14] Gea Izquierdo et al., 2009
[15] Gea Izquierdo et al., 2009
[16] Gea Izquierdo et al., 2009.
[17] Canellas et al., 2007.
[18] Libro verde de la dehesa, 2010.

Por Dehesas Ibericas




Archivos

Translate »