La recuperación de la ganadería tradicional salva a muchos ecosistemas españoles

Numerosos espacios naturales de la península atisban su supervivencia gracias a la consolidación o a la recuperación de actividades tradicionales que están contribuyendo además a la salvación de algunas razas autóctonas. Algunos de los más valiosos ecosistemas peninsulares -como las dehesas, los prados, los arrozales o numerosos embalses y pantanos- están tan profundamente intervenidos por el hombre que su conservación depende precisamente de que el hombre siga haciendo en ellos lo que tradicionalmente ha hecho durante siglos. Ése es el objetivo de la Red Natura 2000, el principal instrumento de conservación de la Unión Europea, un conjunto de casi 26.000 espacios que se quieren proteger para garantizar a largo plazo la supervivencia de las especies y los hábitats más valiosos de Europa. Durante los últimos años, los esfuerzos de algunas organizaciones profesionales y conservacionistas están permitiendo recuperar, por ejemplo, razas ganaderas autóctonas que están asegurando la calidad de muchos de esos hábitats.

Razones históricas, culturales y también argumentaciones estrictamente medioambientales justifican los trabajos para recuperar razas como la vaca Blanca Cacereña, la oveja Merina Negra o la cabra de Guadarrama, catalogada ésta última como ‘en peligro de extinción’ pero que ha vuelto a colonizar muchos espacios del centro peninsular.

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