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Descubren el secreto de los buitres para poder comer carne putrefacta

Un solo hombre acorralado en un bosque por decenas de policías armados tiene todas las de perder. Salvo que se trate de John Rambo. El coronel Sam Trautman, el hombre que lo entrenó, ya advierte que su soldado “ha comido cosas que harían vomitar a una cabra”. La capacidad es pavorosa, pero no parece del todo inverosímil en una película de acción estadounidense. Si Trautman hubiese ido un poco más allá afirmando que John era capaz de comer bazofia insoportable para los buitres, Acorralado habría saltado de repente al género de la ciencia ficción.

Los buitres pueden comerse todo tipo de cadáveres en descomposición que harían enfermar a otros animales. Cuando un ser vivo fallece, una gran cantidad de microorganismos comienza a dar cuenta de los restos. Muchos de ellos, como el ántrax, empleado como arma biológica, son tóxicos para otros seres vivos, pero no para los buitres. Estas aves, capaces de comer cosas que harían vomitar a Rambo, aplican todo tipo de artimañas para aprovechar la energía de los muertos. Entre otras cosas, para penetrar en los cuerpos de grandes mamíferos, acceden a través de orificios naturales, en particular del ano.

Estas prácticas alimenticias incrementan la probabilidad de que los buitres acaben ingiriendo bacterias fecales, como las Clostridia o las Fusobacteria, tóxicas para gran parte de los vertebrados. Sin embargo, según un artículo que hoy se publica en la revista Nature Communications, es posible que sea una alianza con este tipo de bacterias la que permita a los buitres resistir al tóxico cóctel de microbios que acompaña la carroña.

Un análisis genético de los microorganismos que se encuentran en el intestino de los buitres registró que los dos tipos de bacterias peligrosas eran abundantes. Además, los autores, liderados desde las universidades danesas de Aahrus y Copenhague, observaron que frente a lo que suele suceder con otros vertebrados, la diversidad de los microbios que se encontraron en la cara de los animales era mucho menor que la del intestino. Esto se explicaría porque los buitres cuentan con un sistema de filtrado y un hábitat intestinal que tiene preferencia por las bacterias que suelen ser tóxicas y no deja pasar otros muchos microorganismos que viven en perfecta armonía con otras especies, como la nuestra.

Otro factor que apunta a la acidez del aparato digestivo de estas aves como responsable de su microbioma es que cuando cambia la dieta o las condiciones ambientales de un espécimen, también varía la ecología de los seres microscópicos que lo habitan. Sin embargo, un análisis del microbioma fecal de buitres que vivían en el zoo mostró que, pese a que tenían una alimentación similar a los búhos o halcones con los que convivían, el ecosistema de su intestino era muy diferente.

En esta relación entre bacterias y buitres para permitir a estas aves una dieta repugnante para la mitad del reino animal, según los autores, las Clostridia y las Fusobacteria barren a su competencia microbiana en el intestino de los buitres. Estos por su parte se benefician de la labor de procesado de la carroña aportada por las bacterias y no se ven afectados por las toxinas que emiten, de un modo similar al que algunas aves carroñeras resisten la toxicidad de la botulina gracias a anticuerpos específicos.

Ursula Höfle, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM) considera interesantes este tipo de estudios para conseguir entender “por qué los buitres son tan resistentes a la hora de comer cosas que son realmente porquería”, fuera del alcance de otras aves carroñeras. Höfle puntualiza que los animales analizados son buitres del continente americano [aura gallipavo y zopilote negro] y que en España faltan estudios similares. No obstante, a la vista de los hábitos alimenticios de los buitres que se pueden encontrar en otros países, “al menos los buitres leonados deberían tener algún sistema similar para resistir a este tipo de bacterias tóxicas”.

En realidad, el pacto entre microorganismos y buitres no es tan extraño. Se trata de un acuerdo entre dos seres vivos con funciones bastante parecidas. Aunque hay otras aves, como las águilas, que son carroñeras, no se alimentan de cadáveres tan deteriorados. “Una oveja que lleva muerta una semana, prácticamente solo la pueden eliminar del campo los microorganismos o los buitres”, afirma Javier de la Puente, técnico de la ONG SEO/Bird Life. La labor de los buitres, que según esta organización consumirían anualmente unas 10.000 toneladas de carroña solo en España, evitaría gasto de recogida, transporte e incineración de cadáveres y evitaría enviar a la atmósfera 193.000 toneladas de CO2.

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http://elpais.com/elpais/2014/11/24/ciencia/1416851796_605885.html




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