Denuncia de la aplicación “penalizadora” que ha hecho España del CAP

EL pasado mes de octubre se celebró en Bruselas un seminario sobre sistemas agroforestales para conocimiento y formación de los técnicos funcionarios de la Comisión Europea responsables de la PAC. En el mismo se presentaron dos ponencias en las que se expusieron dos modelos, uno moderno, correspondiente a Francia, con cultivos lineales de árboles madereros a modo de corredores verdes en campiñas agrícolas, y otro milenario, correspondiente a la Península Ibérica, que son los 4,5 millones de hectáreas que abarca la dehesa (de los cuales 3,5 millones están en España). El seminario surgió a petición de Cooperativas Agroalimentarias y participé en el mismo como vicepresidente de Fedehesa, la Federación Española de Asociaciones de Dehesa.

En defensa de la dehesa hice sobresalir algunos de sus grandes valores: por un lado, su biodiversidad, nada más y nada menos que la mayor riqueza en especies tanto dentro de los ecosistemas mediterráneos como entre todos los ibéricos; lo que, junto con su valor paisajístico, le ha valido el reconocimiento internacional con su inclusión en la Directiva de la Comunidad Europea 92/43/EEC sobre la Conservación de Hábitats Naturales y de Fauna Silvestre y Flora, así como la declaración de Reserva de la Biosfera -Dehesas de Sierra Morena- por parte de la Unesco (con 416.042 hectáreas en Huelva, Sevilla y Córdoba), además de ser el Sistema de Alto Valor Natural de mayor extensión de Europa; destacando su función como sumidero de CO2, y su importantísimo papel en la amortiguación del cambio climático y en la lucha contra el fuego y la desertización.

Pero también quedó claro que por todo esto la dehesa no recibe nada, y que estos valores soneconomías ocultas que según el saber y entender de las diversas administraciones españolas deben financiarse por sí solas, con cargo a los propietarios, siguiendo el buen hacer que ha modelado y mantenido la dehesa desde hace siglos y dejando estos beneficios colaterales para la sociedad. De hecho, hay estudios palinológicos que prueban que el bosque mediterráneo comenzó a aclararse dejando los Quercus (encinas, alcornoques y quejigos) para convertirlo en dehesa hace unos 6.000 años. Porque la dehesa ha sido y es la mejor solución agraria para explotar suelos muy pobres en duras condiciones de clima.

El término dehesa es más reciente; procede de la palabra defessa, del castellano primitivo, para referirse a la defensa de un territorio para su uso como pastos; unos pastos arbolados que se tenían que defender del hacha y del arado, para conservar los árboles y aprovechar sus frutos y ramón con el ganado. Porque ese es el origen y razón de ser de la dehesa: la ganadería; para que haya dehesa tiene que haber árboles (Quercus), ganados y ganaderos. Por tanto, la dehesa no es un ecosistema natural, es un ecosistema ganadero cuya inestabilidad necesita, para su equilibrio y conservación, una continua intervención del hombre y del pastoreo del ganado.

Las razones para haber conservado los árboles son numerosas. Pero si hay que quedarse con una es por su papel en la producción de alimento, porque no se trata de árboles maderables, sino de árboles frutales, productores de bellotas comestibles que han formado parte también de nuestra dieta hasta fecha reciente, concretamente las bellotas de encina, y que ahora sólo aprovecha el ganado. Se trata por tanto de árboles que se han ido seleccionando secularmente atendiendo a la producción de fruto, por el tamaño y el dulzor de sus bellotas. Además el árbol produce ramón para el ganado y abrigo tanto para éste como para el pasto, que adelanta su crecimiento otoñal bajo la copa de los árboles al igual que retrasa su agostamiento al final de la primavera. Pero esto no lo han entendido las autoridades españolas al aplicar el CAP (coeficiente de admisibilidad de los pastos) para penalizar la densidad de árboles y la presencia del matorral a partir del que se regeneran éstos. Y así quedó claro en Bruselas, donde los técnicos sabían poco de la dehesa, pero una vez conocida confirmaron que la aplicación española del CAP ha sido totalmente equivocada y contra los objetivos de la PAC y el añorado greening, del que no va a beneficiarse adecuadamente la modélica dehesa.

Además del CAP penalizador español, los principales problemas de la dehesa son: la falta de rentabilidad de la ganadería extensiva (de 2004 a 2014 se ha perdido el 32% de la cabaña ovina española), la nula regeneración de la arboleda, el síndrome de la seca de los Quercus (nos quedamos sin árboles), la tuberculosis (sin controlar en la caza mayor), la elevada y compleja burocracia, la falta de un apoyo real de la Administración y la equivocada consideración legal de la dehesa (que este mismo año 2015 ha seguido incluida, sin ser un terreno forestal, en la renovada Ley de Montes). Ante esta situación, los técnicos de Bruselas preguntaron que cómo es posible que ante semejante trayectoria de crisis (que comenzó hace 20-30 años) el Gobierno español no haya hecho nada para asegurar su futuro.

Lamentablemente, aunque la dehesa se ajusta al modelo agrario a conservar y apoyar desde Europa, la PAC, sus ayudas y el desarrollo de los reglamentos UE son trasposiciones que dependen de cada estado miembro, que además tiene amplia flexibilidad para determinar las superficies admisibles y las prioridades en los pagos directos; lo que en España se complica enormemente con 17 interpretaciones autonómicas distintas.

Por tanto, la solución para lo que quede de la dehesa por parte de aquellos que sigan creyendo en el árbol por encima de las penalizaciones del CAP español pasa por concienciar a la sociedad española y exigir a nuestras autoridades algo más que buenas palabras, un apoyo real desde el presente y con perspectivas de futuro, que es lo que se intenta desde Fedehesa. Porque es mucho lo que está en juego, un sistema ganadero milenario que mantiene la defensa de la última barrera frente al avance del desierto por el sur de Europa. Pero creo, sin ánimo de ser fatalista, que existen pocas esperanzas de escuchar nada al respecto en la campaña electoral que comienza ni por parte de unos ni por parte de otros; aun siendo tanto lo que perdemos todos.

 

 

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