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Acoso y derribo al cerdo ibérico

Lo ibérico y, en menor medida el aceite de oliva, constituyen las dos producciones más significativas del sector agroalimentario español y, en el caso del porcino, además como un producto exclusivo patrimonio nacional.
En los últimos tiempos, al igual como sucediera en el pasado en otros sectores como el aceite, el ibérico ha estado sometido a un permanente fuego cruzado de denuncias y acusaciones generalizadas de irregularidades. Unas identificadas, como las del portavoz de Ciudadanos, Toni Cantó, que ha hecho del fraude en el sector su bandera agraria. Otras de origen desconocido desde expertos teóricamente independientes defensores de la pureza del producto siempre con los consumidores como argumento. Y, la realidad es que, en medio de tanto ruido, de airear esas mismas críticas en varios medios y algunos de los principales mercados exteriores, el consumidor no ha ganado en claridad y, por el contrario, se habría hecho daño a una mayoría de esos 14.000 ganaderos y 700 industriales que operan sin ninguna sombra de dudas. Pero, todo tiene su historia.

El sector del cerdo ibérico ha sido un producto ligado histórica y tradicionalmente a la dehesa, más de tres millones de hectáreas en Andalucía, Castilla y León, Castilla La Mancha y Extremadura, denominación reservada solo para animales criados en el campo a base de bellota, hierba y cereal, zona de la que los ganaderos históricos entienden que nunca debió salir. Pero, todo cambió en 2001. Miguel Arias Cañete, como ministro de Agricultura, argumentando la necesidad de clarificar la actividad en el sector, estableció una primera regulación que supuso de pérdida de identidad de lo ibérico de toda la vida abriendo la posibilidad de producir “ibérico de cebo” en una explotación intensiva en diez meses en cualquier parte de España y del mundo, simplemente con que el animal tenga un 50% de raza, lo que ha dejado al sector desprotegido a falta de una IGP.

Ello supuso la entrada en el sector de grandes grupos ganaderos como Vall Company, Samper, industriales como Fuertes-ElPozo o Campofrio- Navidul, ubicados en Castilla y León, Castilla La Mancha, Cataluña o Murcia que sustituyeron el cerdo y los jamones del blanco por el ibérico.

EXCESO DE OFERTA
El efecto fue inmediato. Frente a un volumen de sacrificios históricos de menos de un millón de unidades entre ibéricos de bellota y los de campo, todos ligados a la dehesa, el sector pasó en los años 2004 y 2005 a 4,5 millones de cabezas de las más del 80% correspondían a animales de cebo criados en granjas a base de pienso. El exceso de oferta tiró los precios de todo el sector para iniciar un periodo de recortes de censos y estabilidad que en 2015 supuso el sacrificio de 437.069 animales de bellota o dehesa, 533.442 animales de cebo de campo y nada menos que 1.774.121 animales de cebo de granja hasta un total de 2.774.632 cabezas, cifra que en 2016 ascendió 3,3 millones.

Hoy, tras los cambios introducidos en la normativa de lo ibérico en los últimos años, las categorías del producto por manejo y alimentación se concretan en animales de bellota criados en la dehesa, con precinto negro si es 100% pura raza o rojo si es cruzado; de cebo de campo con precinto verde y de cebo criados en granja con precinto blanco. En razón a su raza la etiqueta señalará si son 100% ibéricos o cruzados con un mínimo de un 50% de ese tronco de raza.

Sobre el papel, el ibérico es el sector más regulado con controles desde su nacimiento, su paso por la dehesa, a su entrada en matadero, etiquetado y comercialización. Pero con todas esas disposiciones sobre la mesa, la eficiencia de los controles se mide también en medios de inspección e independencia.

Desde la perspectiva de la raza, medios ganaderos ligados a la dehesa coinciden en señalar la no existencia de una raza pura ibérica, sino de un tronco racial con diferentes variedades o estirpes como la Retinta, Torbiscal, Lampiño,Entrepelado, Manchado de Jabugo,etc. que se han ido cruzando con otras razas, básicamente la Duroc. ”No hay una raza 100% ibérica ”, asegura un industrial ligado a la dehesa”.

CONTROL DE LA PUREZA
En el ibérico, el control de la pureza de raza de los animales en base al Libro Genealógico corresponde a la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico, Aeceriber. En la actualidad, según los datos de la asociación existen un total de 429.870 hembras de raza ibérica y 5.876 machos tras la incorporación al anexo de ese libro en los últimos dos años, según contempla la normativa de 2014, tras un análisis visual realizado por expertos veterinarios de la asociación, de otros 340.840 animales. En Agricultura señalan que el reconocimiento visual es legal. Pero, objetivamente, se puede entender que mucho más riguroso sería un análisis genético.

Para el control del sector hay dos tipos de estructuras. Una, las empresas certificadoras bajo el seguimiento de las comunidades autónomas y reconocidas por la Entidad Nacional de Entidades Certificadoras y otra, la actividad de la Interprofesional Asici que abarca desde las dehesas a los mataderos y el control de precintos. El problema o las dudas ante las actuaciones de estas dos vías, especialmente en las certificadoras, es que las mismas las pagan los propios ganaderos e industriales. ¿Quien paga manda?. En mataderos las piezas descalificadas suponen solo una media del 5% sobre las canales y no hay datos de partidas o animales eliminados en dehesa como bellota por falta de fruto o de hierba

Finalmente, lo ibérico se enfrenta al hecho de que la gran distribución lo haya elegido como un producto reclamo barato pasando de ser un algo exclusivo a un producto de oferta donde se trata de aparentar que todo es ibérico sin cuidar especialmente la diferenciación de cada categoría ante el consumidor con controles totalmente insuficientes. Frente a un coste de producción media de un jamón de bellota de unos 400 euros, se comercializan esos jamones hasta a 180 euros sin que, por la falta de actuación de las comunidades autónomas se sepa si ese precio responde a una venta a pérdidas o a un fraude del producto.

En el sector de lo ibérico, frente a esas críticas y denuncias generalizadas que pueden hundir a toda una actividad, menos a los de cebo que a los de dehesa, por lo que hay en juego con cada cría de un animal, la realidad es que hay aspectos mejorables desde la dehesa a los lineales de la gran distribución.

Dejando al lado el debate si se debería o no llamar ibérico a un animal cruzado, lo importante es que el consumidor sepa a qué tipo de producto se enfrenta a la hora de comprar. Es responsabilidad del sector tratar de mejorar los controles que llevan a cabo las certificadoras o de los técnicos de Asici. No es bueno tapar lo que se sabe que existe, dejarlo en charla de café y “off de record”. Pero también es importante la irresponsabilidad de quienes hacen denuncias generalizadas y también de los medios de comunicación cuando recogen mensajes no contrastados lanzados desde intereses no claros. Es responsabilidad de las Administraciones, desde la central a las comunidades autónomas, vigilar a la gran distribución. Todo, para que todo un sector, desde la dehesa a la granja siga vivo. Lanzar el ventilador contra toda una actividad, solo puede acabar cerrando desde la dehesa a las granjas de cebo si con tanta denuncia generalizada y protagonistas en los medios se logra que el consumidor asocie las palabras ibérico, España y fraude.

 

Puede encontrar la noticia en:

http://www.laregion.es/opinion/vidal-mate/acoso-derribo-cerdo-iberico/20170710095452722650.html




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